Alberto Alcalá. (Canción de autor) 21:30h

Alberto Alcalá nace en Antequera (Málaga) en 1986, iniciándose en el mundo de la música en 1997, con apenas 11 años, cuando comienza a estudiar flamenco con el guitarrista Paco de Antequera. Recién cumplida la mayoría de edad, con algunas canciones propias a cuestas se traslada a Granada, donde estudia Filología Hispánica y comienza a tocar en locales como La Tertulia, El Entresuelo o La Telonera.

 

En Granada, su música se convierte en “medio de manutención”, abriéndose a las actuaciones en escenarios de fuera de su ciudad. Este periplo le ha permitido compartir cartel o telonear a artistas como León Gieco, Santiago Feliú, Paco Ibáñez, Jorge Drexler, Pablo Guerrero, Javier Ruibal, Pancho Varona, Concha Buika, Iván Ferreiro o Antonio García de Diego entre otros.

 

Simultáneamente se presenta a Certámenes de Canción de Autor por diversas ciudades de la geografía española, consiguiendo reconocimientos como el Primer Premio en el Certamen Nacional de cantautores “Cantigas de Mayo” (Murcia 2007), Primer Premio en el Certamen Intergeneracional de cantautores “Abril para vivir” (2008), Primer Premio en el Certamen de jóvenes cantautores (Burgos 2011) o el Primer Premio y Premio del público en el Certamen Nacional de Cantautores (Elche 2011) entre otros.

 

Influenciado por músicas de raíz como el flamenco, la bossa nova, la copla o el tango y con profundas inquietudes literarias, Alberto Alcalá concibe la composición como un proceso creativo en el que la música y la palabra deben fluir amparadas en la tradición, sin dejar a un lado la originalidad y los nuevos caminos.

 

De la mano del sello Oído Records, Alberto Alcalá presenta su primer trabajo discográfico “ENSAYO Y ERROR” en el que a la producción de Diego Guerrero, se unen las colaboraciones lujosas de Jorge Pardo, Javier Ruibal y Miguel Ángel Márquez (Antílopez).

 

 

Javier Ruibal dice sobre él:

Ser andaluz y músico es una doble responsabilidad por lo que tiene de compromiso con la identidad y la libertad.Ser independiente y moverse a voluntad por los terrenos de la imaginación y al mismo tiempo anclarse a los rasgos formales de toda una tradición secular de sonoridades y ecos ancestrales. Alberto Alcalá sirve en ambos terrenos con el acierto y el buen gusto de quien quiere ser algo más sin dejar de ser lo que ya fuimos.Resuena a lo andaluz de siempre y abre puertas al futuro que seremos,con la lucidez del que sabe bien que el oficio requiere de esmero y perseverancia,por eso creo en él y en las muchas satisfacciones que su música nos irá trayendo a lo largo de su carrera.Larga vida a la imaginación y el ingenio,Alberto se ha puesto manos a la obra y solo es cuestión de esperar a que nos sirva una y otra vez el vaso generoso de la emoción y la alegría.

Juan José Téllez ha escrito sobre Alberto Alcalá:

Viaje al centro de Alberto Alcalá.-

Alberto Alcalá tiene una garganta joven pero memoria de viejo: sus canciones podrían ser interpretadas a la manera de un zejel o con la urgencia del rap, aunque el prefiere navegar entre las dos aguas del rock  con ligerísimas concesiones poperas y de aquella otra copla andaluza que reivindicó el Manifiesto Canción del Sur desde Granada. Hay, desde hace mucho, en su obra, una buena digestión de todas las tradiciones musicales del mundo globalizado, pero sobre todo late una impronta propia, con nombres, apellidos y denominación de origen. Malagueño de Antequera,  se nos muestra andaluz de todas partes, esto es, universal y sureño, sin orejeras musicales pero con una clara brújula maestra..

Su carrera es de fondo, en un rumbo que a la vez conduce, en su primera comparecencia discográfica, hacia la América morena con un venteveo trasatlántico de habaneras o de guiños al jazz latino, emparentado con el flamenco a través de los vientos prodigiosos y legendarios de Jorge Pardo. .

En ese primer saludo desde su escenario de grabaciones, cumple sobradamente las expectativas de quienes habíamos asistido a sus directos desde La Tertulia granadina al Pay Pay de Cádiz, pasando por la nocturnidad de la Villa y Corte. Sin embargo, su pasión convive claramente con una extraña serenidad que delataría una edad mayor que la que tiene y una frescura propia de la juventud audaz que todavía disfruta.

Al margen de otras comparecencias cómplices como la de Antílopez, Alberto Alcalá tiene voluntad de Homero, narrador de ficciones que merecieran ser reales o de realidades que sería mejor que no ocurriesen nunca. Testigo de cargo de lo privado y lo público,  nos brinda un riguroso repertorio poético junto a esas certeras melodías suyas que encajan como un guante sobre las palabras.  Así, las voces y los ritmos invaden los oídos pero nos secuestran el corazón. Y es que Alberto Alcalá no sólo cuida magistralmente el armazón de sus textos sino que los viste con la adecuada atmósfera de sus composiciones. Todo ello, como podrán escuchar y ver más allá de este puñado de frases, no sólo delata su extraordinario talento musical sino también su formidable capacidad para la evocación, todo un viaje al centro de sí mismo o al ojo del huracán del alma humana.

 

Artículo de Fernando Neira en El País, 29-08-14

Una sorpresa en cada acorde

 

El de Antequera es una de las voces más originales y brillantes de su generación, capaz de aglutinar en su universo a Ruibal, Poveda o John Martyn



Tarda más lo que debiera en prender el nombre del antequerano Alberto Alcalá en los mentideros de la canción de autor, pero la brillantez palmaria acaba siempre imponiéndose. Alberto es el muchacho tímido y sensible que toma nota mental de cuanto sucede alrededor mientras los demás creen que no ha sucedido nada. Y anoche, en la distancia corta del Libertad 8, daba gusto descubrir unas canciones aún vírgenes que corroboran la evidencia: estamos ante una de las voces más tiernas, y lúcidas que ha empuñado una guitarra en los últimos años.

Alcalá avanza entre las mesas cabizbajo y absorto. Quédense tranquilos los modernos: lo suyo no es shoegaze sino introspección poética, arpegios interiorizados antes de brotar junto a esa voz de manantial. Arranca con el uruguayo Fernando Cabrera, pero el sur que media entre Despeñaperros y Tarifa aflora ya en El viajero, precioso homenaje a los nómadas gitanos. Y estalla en la aflamencada Ensayo y error, donde, además de evidenciarse los paralelismos con Javier Ruibal, brota una voz brillante y quebrada. Como si a Miguel Poveda le hubiera dado por el arte de trovar.

Alberto nunca se conforma con la obviedad. Es ambicioso en lo armónico, con un ojo siempre puesto en la canción popular andaluza, y perifrástico a la hora de manifestarse. Balanza es canción protesta hecha metáfora; no por eludir ninguna censura, como antaño, sino como un compromiso permanente con su imaginario personal. Y luego está el observador de ironía demoledora, el de la sensacional Modales de taberna, crónica de una familia venida a más (que pasa “el domingo bostezándole a un altar”) y nueva demostración de que no hay canción mala a partir de un título brillante.

Alternó Alcalá piezas de su único disco y del venidero (como ese sobresaliente Temblor, sobre indecisiones y demás vértigos sentimentales), y hasta se dio el gustazo de que su amigo Fede Comín, ese gran argentino de Granada, nos entregase una valiosa chacarera. Hacia el final otra inédita, la onírica El arenero, le convirtió para nuestro pasmo en una suerte de John Martyn sureño. Buena cosa, esa de encontrarse a un cantautor con una sorpresa en cada acorde.

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